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MIMP: fortalece capacidades en prevención de la violencia con personas agresoras sentenciadas  

MIMP fortalece capacidades en prevención de la violencia con personas agresoras sentenciadas

A fin de contribuir con la erradicación de la violencia contra las mujeres y los integrantes del grupo familiar, 150 operadores/as del Instituto Nacional Penitenciario (INPE) participaron en el curso «Masculinidades y violencia de género», actividad que forma parte de la asistencia técnica que brinda el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables (MIMP).

El curso desarrollado en cuatro clases virtuales durante el mes de octubre, tuvo como objetivo brindar herramientas conceptuales y metodológicas con enfoque de género, que ayudan a la reflexión sobre la construcción de la masculinidad y su vínculo con la violencia hacia las mujeres y los integrantes del grupo familiar.

Las personas participantes han podido revisar críticamente cómo se construye el género y las masculinidades a lo largo del ciclo de vida, y de qué manera esta construcción se vincula con el ejercicio de la violencia masculina. Cómo reconocer prácticas igualitarias y no violentas en los hombres. Con una metodología participativa y vivencial se promovió la reflexión desde las propias experiencias de vida.

Desde el año 2016, el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables y el INPE trabajan de manera articulada en la reeducación de las personas agresoras, a través del Programa reeducativo con enfoque de género para hombres sentenciados por violencia contra las mujeres, con el objetivo de que estas personas puedan detener el ejercicio de la violencia y contribuyan con la prevención de la violencia de género y la promoción de relaciones igualitarias.




Hay que romper la coraza que nos impide ser sensibles con nosotros y con las demás personas

Miguel Ángel Ramos especialista en masculinidades

Miguel Ángel Ramos, conocido especialista en masculinidades, nos explica en esta entrevista como es que la sociedad construye lo masculino desvalorizando lo femenino. Un gran aporte en este época de discusiones sobre la importancia de construir relaciones igualitarias entre hombres y mujeres.

¿Qué significa la masculinidad en nuestro contexto social?

La masculinidad constituye un conjunto de atributos de índole físico, psíquico o emocional, y también comportamientos que una sociedad espera de alguien que nació con órganos sexuales masculinos. Estas expectativas son social y culturalmente construidas y son cambiantes de una sociedad a otra o de una etapa histórica a otra. En cada cultura existe un modelo hegemónico de ser varón. En nuestro contexto social se espera que los hombres ejerzan poder y control sobre las mujeres y para ello deberán alcanzar ciertas aptitudes como ser fuerte, racional, insensible, proveedor económico exitoso, con liderazgo y poder político y exitoso como conquistador sexual de mujeres. La masculinidad hegemónica busca legitimar un sistema patriarcal que garantiza la posición dominante de los hombres y la subordinación de las mujeres.

¿Cómo es construida la identidad masculina?

Desde el momento mismo en el que un recién nacido es identificado por sus órganos sexuales como varón, la sociedad se pondrá en movimiento para ser de este lo que espera de un varón. El hogar será el primer espacio de socialización donde se le transmitirá una serie de convicciones de lo que es ser varón y de cómo comportarse. Pero lo más poderoso será su aprendizaje por imitación y en esto la identificación con el padre o con otra figura masculina que lo sustituya será crucial, además de la observación cotidiana del tipo de interacción entre hombres y mujeres.

Uno de los aprendizajes más importantes para su rol dominante en esta etapa es lo que se ha llamado “la represión de las emociones” que supuestamente denotan vulnerabilidad, debilidad y que por tanto no pueden expresarse: el dolor, el miedo, la ternura, la compasión, porque se contraponen con el ejercicio del sometimiento, y está relacionada con la construcción de un ser supuestamente racional en oposición al ser emocional propio de lo femenino. Pero no basta prescribir esta prohibición para que se cumpla, tiene que existir un dispositivo poderoso y este es la capacidad del sistema de avergonzar. Los niños aprenden rápidamente que lo femenino supuestamente vale menos que lo masculino, que ser hombre es más importante que ser mujer.

Si cuando expresa esas emociones señaladas, el niño es objeto de burlas al ser comparado con una niña, sentirá su autoestima profundamente mellada y para evitarlo las reprimirá. A fuerza de contenerse, poco a poco ya no las identificará y las confundirá con el enojo o la ira, emociones cuya expresión si le es permitida. Esa insensibilidad socialmente construida le obstaculizará ser sensible consigo mismo y, a la vez, ser sensible y empático con las demás personas. Estas características estarán muy vinculadas a la posterior paternidad lejana y poco afectuosa y al ejercicio de la violencia contra las mujeres. Un segundo y fundamental espacio de socialización es el ámbito público, en especial la escuela. Ahí, frente a sus pares, tendrá que probar su hombría.

Todos los muchachos se mantienen a la defensiva bajo el temor de ser desenmascarados como “falsos hombres”. El bullying homofóbico, a través de insultos que buscan feminizar o de ultrajes sexuales, no es descargado solo contra quienes tienen una orientación homosexual o identidad femenina, sino contra cualquier varón que no llena perfectamente los requisitos, tanto por sus rasgos físicos como por su comportamiento con lo que, a los ojos de los demás, se espera de un verdadero hombre. Este es un poderoso dispositivo del sistema patriarcal, mediante el proceso de vigilar y castigar, para garantizar el cumplimiento de la heteronormatividad. En general los varones interiorizarán profundamente el terror a la feminización y desplegarán a lo largo de toda su vida esfuerzos por demostrar su hombría como una cualidad siempre en peligro de perderse.

¿la masculinidad se construye en oposición y rechazo a lo femenino ¿cómo se traduce esto en las relaciones con las mujeres?

Desde temprana edad los niños, para afirmar su masculinidad e identificándose con el padre, buscarán separarse de su madre, ese ser que los infantiliza y feminiza. El temor a ser descubierto como un falso hombre, comentado anteriormente, tiene a la mayoría de los muchachos buscando rechazar todos los rasgos atribuidos a las mujeres, suprimir en ellos mismos cualquiera de estos rasgos probando permanentemente que no los tienen y desvalorizando a las mujeres poseedoras de esas características. La identidad masculina se construye no tanto de la afirmación de lo masculino, sino de la negación de lo femenino. La desvalorización de lo femenino conduce a la convicción de la inferioridad de las mujeres, seres quienes encarnan esos rasgos que aprendió a despreciar, y de su rol subordinado en relación a los hombres.

La hegemonía y el dominio del otro, es una de las características de la masculinidad ¿se complementa con la violencia? ¿Cómo se expresa de manera particular en la relación con las mujeres?

El patrón hegemónico de masculinidad exige de los hombres una serie de atributos, competencias y comportamientos que, en la práctica, muy pocos hombres pueden lograr. La valla a alcanzar, para ser considerado socialmente como un “verdadero hombre”, es muy alta, comparada con las masculinidades reales de la mayoría. Sin embargo, todas estas características exigidas siguen siendo muy valoradas y, por tanto, muchos de nosotros pugnamos por alcanzarla y el no lograrlo nos produce mucho malestar, humillación, dolor. Entonces, buscando cerrar la brecha, ejercemos violencia, principalmente contra las mujeres, también contra otros hombres más débiles o contra aquellos no sujetos a la heteronormatividad, y contra sí mismos. De todas las características socialmente exigidas a los hombres, la más importante es la capacidad de ejercer poder y control sobre las mujeres, como forma de garantizar la reproducción del sistema patriarcal de dominación masculina. Los rápidos procesos de cambios sociales en los últimos 50 años han empoderado paulatinamente a las mujeres (al acceso de ellas a la educación en sus distintos niveles y a los métodos anticonceptivos modernos que pone en sus manos el control de sus cuerpos y su fecundidad, han sido algunos de los facilitadores para su irrupción, cada vez más masiva, en el ámbito público – en el mercado de trabajo, en la academia, en la política- quitando paulatinamente a los hombres la exclusividad y uno de sus pilares de su mayor poder) creado una crisis en el sistema de género y por ende en la masculinidad hegemónica.

Esta crisis ha exacerbado la violencia contra las mujeres como una forma de paliar la pérdida de poder masculino. Siempre ha existido violencia contra las mujeres como una forma de mantener o recuperar el dominio masculino, porque este poder es inestable y para poseerlo hay que ejercerlo cotidianamente. Sin embargo, es probable que cada vez más, por la amenaza creciente de la pérdida de poder, muchos hombres utilicen, por un lado, formas más virulentas de violencia contra ellas, por otra, inventando nuevas formas de agresión. Aún el sistema patriarcal tiene el aliento suficiente para lograr reacomodos hacia nuevas formas de dominación.

En el Perú, las cifras de feminicidios y las formas violentas como las mujeres han sido asesinadas, es preocupantes, ¿cómo puede leerse el feminicidio en esta forma de hegemonía y dominio de lo masculino?

El feminicidio es producto del fracaso de los intentos de someter y controlar a las mujeres. Hemos visto como son asesinadas mujeres que buscaron decir ¡Basta! a la violencia de sus parejas y decidieron dejarlos. Cuando estos hombres saben que perdieron su capacidad de control sobre ellas, deciden eliminar, en forma definitiva, la capacidad de estas mujeres de convertirse en sujetos autónomos. El feminicidio no es producto de un desequilibrio mental producto de una emoción violenta surgida de manera sorpresiva. El feminicidio es una “práctica” que tiene como base la cultura machista.

El ejercicio del poder, pero a la vez la carencia de poder, ¿tiene para los hombres un costo?

“…quienes ejercen violencia física o sexual viven angustiados porque son los más inseguros de su poder…”

El esfuerzo que realiza la mayoría de varones por cumplir las expectativas sociales tiene un alto costo para nosotros los hombres y constituye un factor de riesgo para nuestra salud, nuestra vida y, en general, nuestro bienestar. Muchos hombres mueren en el intento de probar su hombría, generalmente a manos de otros hombres o auto eliminándose. En promedio, en todos los países de Latinoamérica por cada mujer que muere por causas violentas (homicidios, suicidios, accidentes de tránsito, etc.) mueren alrededor de cuatro varones. Por ejemplo, en algunos estudios se ha encontrado que en un importante porcentaje de varones adultos que se suicidan lo hacen por haber fracasado en su rol de proveedor. Muchas de las muertes por accidentes de tráfico son debidas a la ingesta de alcohol, patrón cultural muy ligado a nosotros los varones, que nos sirve como válvula de escape en muchas ocasiones a la represión de nuestras emociones y al estrés por las exigencias sociales. Por otra parte, principalmente quienes ejercen violencia física o sexual viven angustiados porque son los más inseguros de su poder y capacidad de control sobre las mujeres y permanentemente experimentan sentimientos de humillación y vergüenza, terror a la posibilidad de ser dejados por ellas y que se derrumbe su hogar, como centro de reproducción permanente de su condición de autoridad y, por ende, de su realización cotidiana como hombre.

¿Es posible construir una manera diferente de ser hombre, que resulte gratificante para los mismos hombres y que respete los derechos de las mujeres, niñas y niños?

“…romper la coraza construida desde la infancia que nos impide ser sensibles con nosotros mismos y por ende con las demás personas”.

Es posible mediante la erradicación de los patrones culturales que naturalizan el rol dominante de los hombres y la subordinación de las mujeres, y que justifican el ejercicio de la violencia contra ellas. Hay que empezar a trabajar tempranamente con niños, niñas y adolescentes desde el hogar y la escuela, rompiendo la columna vertebral del sexismo, la misoginia y la homofobia. Buscando que se interiorice el respeto a los derechos de las personas, incluyendo a las de la diversidad sexual. Esto exige, por ejemplo, hacer grandes esfuerzos por formar a docentes desde una perspectiva de género y de derechos humanos. Con hombres jóvenes y adultos que ya fuimos formados en un contexto machista y que ejercemos diversos tipos de violencia, es posible construir una manera diferente de ser hombre, empezando con poner en evidencia las diversas formas en que ejercemos violencia contra las mujeres, los niños y niñas, logrando que nos hagamos responsables de nuestra violencia, no esperando servicios de las mujeres y reconociendo que la relación con ellas es entre iguales. Para trabajar por la construcción de un hombre igualitario y no machista, los discursos contra el patriarcado o las creencias machistas por si solos son ineficientes. Hay que buscar estrategias para romper la coraza construida desde la infancia que nos impide ser sensibles con nosotros mismos y por ende con las demás personas. Esto nos ayudará a que seamos conscientes de las diversas emociones que están detrás de cada acto violento, facilitará el poner en evidencia las creencias sobre las que sostienen esas emociones y nos permitirán cuestionar los falsos supuestos sobre las que se erigen, dándole un nuevo significado al ser hombre.

Las nuevas masculinidades significan una revolución de los masculino, ¿Qué características tendría esa?

El término “nuevas masculinidades”resulta ambiguo porque podría ir en cualquier dirección. Desde la perspectiva de género, hablamos de varones que tengamos profundamente internalizado el respeto a los derechos humanos de las mujeres, que las consideremos sus iguales y no en posiciones jerárquicas inferiores, lo que significa la renuncia total al control y poder sobre ellas y a toda forma de violencia. Que resolvamos los conflictos de pareja, no desde una posición de poder y de imposición, sino desde un plano de igualdad, siendo empáticos con ellas y buscando juntos soluciones que nos satisfaga mutualmente. Que consideremos que en los ámbitos público y privado mujeres y hombres tenemos las mismas obligaciones y los mismos derechos para realizarnos plenamente. Respecto a esto último, es necesario hacer especial énfasis que debemos tener muy enraizada la convicción que varones y mujeres tienen las mismas responsabilidades en las actividades de crianza y de cuidado en el espacio doméstico y de acuerdo a ello actuaremos consecuentemente. Debemos ser varones que no consideremos que las labores de crianza cercana, afectiva y cotidiana de nuestros hijos son una carga, sino que disfrutamos de su compañía y sentimos que esto nos enriquece y contribuye a nuestro desarrollo humano.

Miguel Ángel Ramos Padilla, Sociólogo por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Magíster en Demografía por el Colegio de México, México. Actualmente trabaja en el Departamento Académico de Salud Pública, Administración y Ciencias Sociales.

  • Elaborado por: Susana Zapata




Nuevas masculinidades para erradicar la violencia contra las mujeres e integrantes del grupo familiar

La violencia contra las mujeres tiene su origen en una cultura machista y sexista que justifica el maltrato, el acoso y el abuso sexual. Construir un nuevo perfil masculino, ayudará a luchar contra esta forma de violencia que afecta a muchas familias en nuestro país.

Norma Fuller[1] , sostiene que en el Perú, la construcción de la identidad masculina se basa en las representaciones del cuerpo de los varones, el cual se caracteriza por dos rasgos: los órganos sexuales (representados por el pene) y la fuerza. La fuerza, a su vez, sería la cualidad más importante en la cual reside la ventaja masculina.

La autora sostiene que “el cuerpo no es una materia que emerge directamente de la naturaleza, sino que está inserto dentro de un sistema de representaciones sociales a través de las cuales interpretamos, codificamos y entendemos nuestras sensaciones”. Las representaciones y prácticas asociadas al cuerpo, no solo cambian de cultura a cultura, se relacionan directamente con nuestras concepciones sobre la sociedad y el lugar que ocupa cada individuo en el orden social.

En ese entender, lo que es ser hombre o mujer no son elaboraciones sobre hechos biológicos ya dados, sino que son productos de un amplio proceso de elaboración cultural. En nuestra sociedad, la construcción de la masculinidad se forma básicamente como negación de lo que es ser mujer: “no te comportes como mujercita” se les dice a los niños desde muy pequeños. Se educa a los hombres para ser valientes y no demostrar sus sentimientos.

Cómo se construye la masculinidad en el Perú

En nuestra sociedad, según Fuller, los atributos más comunes asociados a la masculinidad son: la fortaleza, la dureza, el rendimiento y el aguante en el trabajo. En este proceso se hace énfasis en los cuerpos fuertes y la capacidad de generar ganancias y proveer para sus familias. En suma, el trabajo se asocia de manera estrecha con la masculinidad y el reconocimiento social. Si bien es cierto que las mujeres pueden ser consideradas fuertes, esta fortaleza se refiere a un atributo moral que le permite afrontar la adversidad y trabajar para sacar adelante a sus hijos/as.

En la ciudad se valora el cuerpo masculino de apariencia bien cuidada, es decir, bien vestido, ropa limpia y planchada. No obstante, son pocos los hombres que saben hacer estas tareas, esto significa que para mantener su buena apariencia cuentan con apoyo femenino, generalmente la madre, luego la pareja. Un hombre adulto debe contar con una mujer que resuelva sus necesidades domésticas para tener éxito en el ámbito público.

El énfasis en estas cualidades masculinas, no benefician a los hombres. Al contrario, los colocan en una situación de desventaja social, pues cuando los cuerpos decaen y no pueden realizar los mismos trabajos, se enfrentan al vacío y sus lazos familiares se debilitan. Asimismo, no pueden resolver los problemas domésticos más elementales y de cuidado personal. Esta construcción de la masculinidad nos muestra un ejemplo de cómo se construyen las masculinidades extremas, los valores masculinos, sus exigencias y peligros.

Uno de los mandatos más fuertes en esta construcción de la masculinidad es la apropiación del cuerpo femenino, y se les enseña desde muy niños cómo “tener” una mujer. Estos atributos lo tienen que mostrar a cada paso, es así que la mayoría de los hombres en nuestra sociedad consideran que acosar con “piropos” a las mujeres en la calle es normal, habitual y cotidiano.

Ser “varonil” era lo ideal, y hacerse un “varón” empezaba por doblegar a otros varones y en subordinar a las mujeres. Al respecto, Cooper Thomson sostiene que debemos rechazar la masculinidad tradicional e ir más allá de lo que se conoce como negativo o dominante. Este autor plantea la necesidad de una nueva masculinidad, cuyo concepto englobe actitudes equilibradas que den cuenta de un varón poseedor de muchas características tradicionales positivas –entre ellas ser libre, alegre, fuerte, trabajador – pero que al mismo tiempo sea capaz de vivir en armonía con la tierra, con las mujeres y con la feminidad.

Muchos varones ya se han propuesto hacer un cambio en sus vidas y ser más abiertos, expresar sus emociones, estar más cerca de sus hijos/as y de sus parejas para descubrir el placer de estar en contacto y mejor con ellos mismos. Pero lo más importante, que su masculinidad sea plena, sin necesidad de reafirmarse a cada momento ni fundamentarse en la subordinación de las mujeres o de cualquier otro grupo.

Violencia y masculinidad

Algunos autores/as consideran que la construcción tradicional de la masculinidad es pensada como la no-femineidad, es decir ser hombre es lo contrario de ser mujer. Algunos hombres consideran el proceso hacia la igualdad “como una pérdida de poder y de privilegios, y por lo tanto, como una merma en su identidad viril”. Ser viril no se refiere simplemente a lo masculino, lo cual necesita un refuerzo constante. Ser viril quiere decir no tener rasgos femeninos; además, tener éxito, dinero y poder, fortaleza física y agresividad.

Marta Segarra, sostiene que con esta construcción masculina se construye un carácter agresivo en el hombre, así mismo, señala una relación entre violencia y poder. La violencia surge tanto de los poderosos que abusan de su posición como de los que no logran tener poder y se frustran. Actualmente estamos siendo testigos de un alarmante crecimiento de la violencia de parte de hombres hacia las mujeres. ¿Qué es lo que está pasando? Segarra señala que algunos hombres están sintiendo un profundo sentimiento de pérdida. Es más grave si experimentan problemas en el trabajo o desempleo, deudas, entre otros. Cuando se sienten sin control sobre sí mismos e incapaces de expresar sus sentimientos o frustraciones, recurren a la violencia.

Lo más probable es que la visión de virilidad es lo que se está perdiendo y esto genera este sentimiento de pérdida. Es necesario que los hombres de nuestra sociedad comprendan que esta construcción de la masculinidad es obsoleta e injusta, convirtiéndose en una prisión para él mismo. Si los hombres son conscientes de ello, podrán vivir de mejor manera y en armonía. La evolución de la concepción masculina es importante para la transformación de la sociedad y la lucha por la igualdad y la no violencia.

Paternidad y nuevas masculinidades que construyen relaciones igualitarias

Actualmente se aprecia un cambio en la asignación de roles, el desempeño igualitario y el compartir las tareas del hogar, contribuye positivamente en la educación de las nuevas generaciones y formará jóvenes con otra concepción de los roles de género. Se le viene dando mayor valor a las demostraciones de afecto de parte de los padres, y la democratización de las relaciones en las familias. El involucramiento en la crianza y la presencia y cercanía del padre en la vida de las hijas e hijos, tendría un impacto en la construcción de la identidad masculina en los años y generaciones siguientes.

Los casos de corresponsabilidad en los roles y tareas del hogar, reflejan cambios incipientes en nuestra sociedad que nos permiten pensar que es posible un avance, no solo en el sentido de que los hombres se hacen responsables por la crianza y cuidado de sus hijos e hijas, sino que la paternidad va permeando cada vez más la identidad de los varones.

Es probable que esté surgiendo una nueva manera de entender la paternidad en la cual el ser proveedor dejaría de ser la principal tarea. Sin embargo, no es posible dejar de lado la obligación de proveedor asignada al padre, lo que crea nuevas tensiones respecto del tiempo que se dedica a trabajar y el que dedica a la crianza y otras ocupaciones del hogar.

Los hombres que toman conciencia de que el enemigo común de hombres y mujeres es la masculinidad convencional, proceden a cambiarla y aprenden a ser más abiertos, a expresar sus emociones a estar más cerca de sus parejas y de sus hijos e hijas, descubrir el placer del contacto y el cariño.

Las personas están aprendiendo nuevas maneras de entender lo que significa ser hombre, sin necesidad de jerarquizar los roles ni de establecer relaciones que opriman al otro/a. Es posible una masculinidad nueva, anti sexista, antirracista, anti homofóbica, para lograr una sociedad más justa y libre de violencia.

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Acciones del MIMP

La estrategia de prevención Hombres por la Igualdad, dirigido a fortalecer la intervención comunitaria de prevención y promoción frente a la violencia familiar, y que ha sido aplicado en los distritos de Villa María del Triunfo en Lima, El Tambo en Huancayo, Cura Mori en Piura, y en Trujillo en los distritos de Florencia de Mora, El Porvenir y La Esperanza, y en Villa María del Triunfo en Lima. El 2018 se ha ampliado la estrategia a 14 regiones del país. Para el 2019 se tiene previsto capacitar a 35,850 hombres de 119 distritos en el marco de la Estrategia hombres por la igualdad.

Entre patas

En junio del 2018, el MIMP implementa una estrategia en Lambayeque, denominada Entre pares con el fin de que los hombres de esta región, reflexionen acerca de las consecuencias de la violencia contra las mujeres y la violencia familiar, además de aprender y promover relaciones igualitarias, libres de todo tipo de violencia. Esta estrategia forma parte de la intervención Hombres por la Igualdad.

Centro de Atención Institucional (CAI)

El CAI es un servicio de intervención con varones adultos que han sido sentenciados por actos de violencia familiar y que son remitidos por el juez de paz y/o juzgado de familia para su recuperación. De acuerdo a los casos particulares, el período de intervención puede ser hasta de un año como mínimo, pudiendo extenderse según criterio de los profesionales responsables de la atención.

Actualmente el MIMP cuenta con tres Centros de Atención Institucional a nivel nacional, uno en Huamanga – Ayacucho, en los distritos de Breña en Lima, y Carmen de la Legua Reynoso en el Callao. El 2018, los CAI atendieron un total de 1805 varones, de las siguientes edades: De 18 a 25 años (11%), de 26 a 35 años (27%), de 36 a 45 años (31%), de 46 a 59 (24%), y de 60 años a más (7%).

El equipo técnico que atiende a estas personas está conformado por un psicólogo, un trabajador social, y dos terapeutas o facilitadores. Este servicio busca que el agresor asuma su responsabilidad y las consecuencias de su violencia, así como un compromiso de cambio. La intervención consta de actividades psicoeducativas y participativas, requieren del compromiso del usuario.

Mediante este servicio, se busca que los varones no solo detengan su comportamiento de violencia, sino que examinen sus emociones y creencias con las que complacientemente justifican su actuación. Principalmente que se pregunten sobre las motivaciones que originan esa conducta, por qué se sienten con derecho de maltratar a su pareja.

Bibliografía

CARABI, Ángels y SEGARRA Marta, (2000) Nuevas Masculinidades. Icaria Editorial S.A, España.

COOPER THOMPSON, (1993) Mutual Caring, Mutual Sharing. Stafford County, N.H.

[1] FULLER, Norma, (2018) Difícil ser hombre. Nuevas Masculinidades Latinoamericanas, Fondo Editorial PUCP.

LAMAS, Marta, compiladora. (2000) El género. La construcción cultural de la diferencia sexual. Universidad Nacional Autónoma de México. Programa Universitario de Estudios de Género, México.

 

  • Elaborado por: Kaarina Valer Jaime/ Susana Zapata