Marco conceptual

El acoso sexual en espacios públicos

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El acoso sexual en espacios públicos

1. Concepto

Según la Ley Nº 30314 promulgada el año 2015, el acoso sexual en espacios públicos es la conducta física o verbal de naturaleza o connotación sexual realizada por una o más personas en contra de otra u otras, quienes no desean o rechazan estas conductas por considerar que afectan su dignidad, sus derechos fundamentales como la libertad, la integridad y el libre tránsito, creando en ellas intimidación, hostilidad, degradación, humillación o un ambiente ofensivo en los espacios públicos. Estos pueden ser actos de naturaleza sexual, verbal o gestual; comentarios e insinuaciones de carácter sexual; gestos obscenos que resulten insoportables, hostiles, humillantes u ofensivos; tocamientos indebidos, roces corporales, frotamientos contra el cuerpo o masturbación en el transporte o lugares públicos; exhibicionismo o mostrar los genitales en el transporte o lugares públicos.

2. Desarrollos conceptuales

La visibilización de la violencia basada en género en los distintos escenarios donde las mujeres desarrollan sus relaciones interpersonales ha llevado recientemente a poner en agenda el acoso sexual que las mujeres sufren a diario en el ámbito público como una forma de violencia hacia las mujeres que afecta su dignidad e integridad, y en última instancia, que desalienta su participación en el mundo de lo público.

De alguna manera, y de acuerdo a nuestro planteamiento inicial, resulta ser una manifestación de violencia basada en género que opera de un modo disciplinador al servicio de reinstalar y reforzar la división sexual del trabajo entre el ámbito privado y público. De allí, que comúnmente en el imaginario social y en los discursos mediáticos recaiga sobre las mujeres la responsabilidad por la violencia sufrida en los espacios públicos, en razón de su vestimenta, los horarios en los que circulan, sus conductas “inapropiadas”, (malas) compañías, etc.

Esto refuerza en cierto sentido que la circulación y la participación de las mujeres en la arena de lo público, en especial bajo determinadas modalidades y características, es una transgresión a la normatividad de género imperante. De modo que prevenir el acoso sexual en espacios públicos supone como desafío plantear discursos transformadores que refuercen la autonomía y la libertad de las mujeres a circular, participar, viajar, manifestarse, divertirse, incluso por fuera de los cánones esperables en términos de géneros.

De acuerdo con Rozas y Salazar (2015), estas prácticas revelan relaciones de poder entre géneros, pues son realizadas sobre todo por hombres y recaen fundamentalmente sobre mujeres, en la mayoría de casos desconocidas para ellos. Las realizan hombres solos o en grupo. No se trata de una relación consentida, sino de la imposición de los deseos de uno (s) por sobre los de la(s) otra(s). Se realizan en la vía pública o en (desde) el transporte público o privado, de manera rápida e intempestiva. Pese a tener impactos en la libertad sexual y el derecho al libre tránsito, estas prácticas han sido normalizadas y hasta justificadas en nuestra sociedad.

De acuerdo a todo lo expuesto en los párrafos anteriores, han adquirido cierto interés en América Latina los estudios sobre desplazamientos urbanos desde una perspectiva de género. En líneas generales, estas investigaciones sugieren que las características del desplazamiento de las mujeres a nivel urbano son distintas a la de los hombres.

“En el caso de las mujeres, sus desplazamientos se caracterizan por ser en zig-zag, es decir, las mujeres no se desplazan sólo de la casa al trabajo, como lo hacen los hombres; más bien, hacen múltiples traslados que derivan principalmente de su rol en el ámbito reproductivo. En consecuencia, las características de los medios y modos de transporte público, la calidad y costo de estos servicios, en conjunto con la seguridad que ofrecen, se constituyen en aspectos centrales que pueden condicionar y afectar la calidad de vida de las mujeres, así como el grado de equidad o inequidad de género” (Rozas y Salazar, 2015).

Un punto crítico aquí radica en la masividad de las experiencias de abuso y acoso sexual callejero sufrido por las mujeres, en especial, durante sus desplazamientos en transporte público, lo cual afecta sin duda el ejercicio de la libertad de tránsito y movilidad de las de las mujeres y las niñas, así como sus capacidades y oportunidades de desarrollo en el ámbito público.

Según Rozas y Salazar (2015), que las diferentes agresiones sexuales producidas en medios de transporte público y/o en la infraestructura de acceso constituyen, por definición, actos de violencia basada en género en tanto son conductas de violencia física o psicológica ejercida contra cualquier persona sobre la base de su sexo o género que impacta de manera negativa su identidad y bienestar social, físico o psicológico. En virtud de esta caracterización, la violencia ejercida principalmente contra mujeres adultas jóvenes, mujeres jóvenes y adolescentes es asimismo una forma de discriminación por sexo o género, independientemente de tratarse de prácticas tipificadas como acoso o abuso sexual, lo cual significa que se vulnera una condición básica de los seres humanos conforme a los principios que sustentan el Estado moderno y la organización social, el de la igualdad de derechos y garantías.

3. El Perú frente al acoso sexual callejero

De acuerdo con el reporte comparativo “Roles y violencia basada en género, 2012-2016” realizado por el Instituto de Opinión Pública de la Pontificia Universidad Católica del Perú, una de las situaciones de riesgo que enfrentan las mujeres en la calle, en mucha mayor medida que los hombres, es el acoso sexual callejero.

En el último estudio realizado en 2016 se observa que las tasas de victimización por ASC, se mantienen en casi todas las modalidades y con similares características que el estudio realizado en 2012: la incidencia del acoso sexual callejero es mayor en las grandes ciudades y afecta principalmente a las mujeres jóvenes. A nivel nacional, de cada 10 mujeres de 18 a 29 años, siete han sido víctimas en los últimos seis meses, y en Lima-Callao la incidencia es de nueve por cada diez (IOP, 2016).

Aunque la victimización por acoso sexual callejero se ha mantenido, los umbrales de tolerancia se han retraído para aquellas modalidades “naturalizadas” y/o “aceptadas socialmente”, como son los ruidos de besos y los silbidos: hoy en día el porcentaje de personas encuestadas que señala que estos actos deberían ser sancionados es notoriamente mayor que hace cuatro años (IOP, 2016).

También se observa una disminución de las actitudes que lo justifican: menos gente estaría de acuerdo en culpabilizar a la mujer por exponerse al “vestirse provocativamente”. Pese a esos avances, las actitudes que justifican el acoso sexual callejero siguen siendo una proporción importante: una de cada dos personas piensa que las mujeres que se visten provocativamente están exponiéndose a que se les falte el respeto en la calle y/o que la mujer que recibe un piropo bonito debería sentirse halagada (IOP, 2016).

4. En resumen

El acoso sexual en espacios públicos en el Perú es una modalidad de violencia contra las mujeres que cuenta con legislación propia, lo cual posiciona a nuestro país en una situación ventajosa en relación a otros países de la región donde el tema recién comienza a ponerse en agenda de la mano principalmente de las demandas del movimiento de mujeres, quién problematiza y cuestiona prácticas muchas de ellas “naturalizadas” y por tanto no sancionadas ni a nivel legal ni social, que obligan de alguna manera a los Estados a atender a las demandas emergentes.

Tal como planteamos, se trata de una modalidad de violencia basada en género que afecta la integridad de las mujeres a nivel físico, sexual y psicológico y así su libre circulación lo cual, en última instancia, reinstala y refuerza a través del miedo la división sexual del trabajo entre el ámbito privado y público. En consecuencia, prevenir el acoso sexual en espacios públicos supone como desafío plantear discursos transformadores que refuercen la autonomía y la libertad de las mujeres a circular, participar, viajar, manifestarse, divertirse, incluso por fuera de los cánones esperables en términos de géneros.

5. Fuentes bibliográficas

Falú, Ana (editora), 2009, Mujeres en la ciudad. De violencias y derechos, Santiago de Chile, Red Mujer y Hábitat en América Latina., Ediciones Sur [en línea] http://192.64.74.193/~genera/newsite/images/cdrdocuments/publicaciones/libro_mujeres_en_la_ciudad.pdf.

IOP, 2016. Roles y violencia basada en género. Reporte comparativo. Estudios IOP. Nacional urbano rural, 2012-2016. Lima: Instituto de Opinión Pública de la Pontificia Universidad Católica del Perú.

McDowell, Linda, 2000. Género, identidad y lugar. Madrid: Ediciones Cátedra. Colección Feminismos.

Rozas Balbontín, Patricio y Liliana Salazar Arredondo (2015), “Violencia basada en género en el transporte público. Una regulación pendiente”, Serie Recursos Naturales e Infraestructura N°172 (LC/L.4047), Santiago de Chile, Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) [en línea] http://repositorio.cepal.org/bitstream/handle/11362/38862/S1500626_es.pdf;jsessionid=6927E3A91832BB598FFAE3998C3A1C21?sequence=1.

Tovar Rojas, Patricia, 2007. “La ciudad como teatro: construcciones, actores y escenarios”, en Revista Papel Político, vol. 12, núm. 1, enero-junio, pp. 93-115. Pontificia Universidad Javeriana, Bogotá, Colombia.

Ley 30314, Ley para prevenir y sancionar el acoso sexual en espacios públicos, Perú, 2015. Disponible en: https://oig.cepal.org/sites/default/files/2015_per_ley30314.pdf

    Otras fuentes para consultar

https://paremoselacosocallejero.wordpress.com/

http://www.stopstreetharassment.org/resources/articles/

https://geografiadegeneroargentina.wordpress.com/

  • Contenidos elaborados con apoyo  del programa:
  • Consultora: M. Andrea Voria.

 Foto: Diario Perú 21

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