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Feminicidio y tentativa ¿cómo afecta a la mujer y a sus hijos e hijas?

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Una de las máximas expresiones de violencia contra las mujeres es el feminicidio, perpetrado por la pareja o expareja. Este es el último acto de un continuum de violencia familiar, que culmina en el asesinato de una mujer a manos de su pareja o de un extraño, y que puede suceder en el ámbito público como en el privado. A este tipo de feminicidio se le denomina feminicidio íntimo.

La tentativa de feminicidio ocurre cuando la pareja, ex pareja o un extraño, realiza actos dirigidos a quitarle la vida a una mujer, pero no lo logra.

En el Perú entre setiembre de 2009 y setiembre de 2018, el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables, registro 1 525 tentativas de feminicidio y 1 106 feminicidios. De enero a setiembre de 2018, registró 103 feminicidios y 217 tentativas de feminicidio. Los datos son mayores a los registrados en el 2017, que fueron 94 feminicidios y 175 tentativa.

¿De qué manera impacta a la mujer haber sido víctima de violencia con riesgo de feminicidio?

Wilson Hernández, en su estudio Determinantes y evaluación del riesgo (2018), hace una aproximación a las consecuencias de la violencia con riesgo de feminicidio en los últimos doce meses, específicamente en la salud física y mental de las mujeres víctimas, y de sus hijos. Asimismo, hace un cálculo de los años de vida perdidos por muerte prematura y por haber sido víctima de violencia durante un tiempo.

Consecuencias físicas y mentales

Una mujer que es víctima de violencia con riesgo de feminicidio, sufre consecuencias físicas que afectan su salud mental de tres maneras: depresión y aumento de la depresión (falta de energía, ansiedad, cambios en el apetito, problemas de concentración, alteraciones del sueño, entre otros.), por lo tanto, significa un alto impacto, porque le puede causar dificultades significativas en su vida cotidiana.

Estar expuesta a la violencia con riesgo de feminicidio aumenta la hipertensión. Genera cambios en el consumo de alcohol y cigarros, puede aumentar el consumo, o puede incorporar el hábito de fumar en su vida diaria. Estos efectos, están generalmente relacionados: la depresión y el estrés, inciden en la hipertensión y el consumo de alcohol y cigarros.

El efecto en la salud de los hijos e hijas de una mujer, que ha estado expuesta a violencia con riesgo de feminicidio, es el aumento de la incidencia de diarreas recientes, y fiebre y tos en las últimas dos semanas.

Consecuencias en los años de vida

Otro análisis realizado por Hernández, es sobre el impacto de la violencia, en los años de vida y de vida saludable que se pierden por feminicidio, o por haber vivido un tiempo bajo violencia. Entre el 2011 y el 2015, se perdieron 16 567 años de vida. Solo en el 2015, se perdieron otros 135 mil años como consecuencia de las dolencias y enfermedades asociadas a estar expuesta a violencia con riesgo de feminicidio. El cálculo por este feminicidio tiene dos componentes. De un lado, los años que pudo haber vivido una mujer de no haber sido asesinada y, del otro lado, el efecto negativo (en años) que significó haber vivido bajo probabilidad de haber sido víctima de feminicidio. A estos dos aspectos Hernández les denomina, Años Perdidos debido a Muerte Prematura (APMP) y Años de Vida Saludable perdidos (AVISA).

Años perdidos debido a muerte prematura (APMP) por feminicidio 2011-2015

  • Elaborado por: Susana Zapata

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