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El amor romántico “la idea que pone en juego la vida”

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Conversamos con Violeta Barrientos Silva[1] sobre esta forma de concebir la relación de pareja, que muchas veces resulta tóxico, y con graves consecuencias para la vida de las mujeres.

¿Considera que el amor romántico tiene relación con la violencia a las mujeres en relaciones de pareja?

Por supuesto. El amor romántico está asociado a que el sufrimiento es un indicativo de que se ama, la persistencia en salvar a alguien o salvar la relación, de que cuando nos cuesta más trabajo el amor hay “más calidad” de la relación. Todo esto hace que se dé un mensaje falso sobre lo que es amar. El amor romántico es una construcción cultural, es una visión de que en una relación “se pone en juego tu vida” al conseguir pareja, sobre todo para las mujeres. No en todas las culturas es igual. Por dar un ejemplo, la misma idea de amor no está en la cabeza de una mujer de cierta clase social o de un determinado país. Varios amigos europeos me confiesan que buscan una esposa latina “porque es más dulce”, “más dedicada a ellos” porque muchas europeas tienen otros intereses.

El amor romántico deriva de una acumulación de mensajes que hemos recibido mediante la vida cotidiana y cultura popular dados desde nuestra familia, la religión, los medios, el arte y la literatura, así como también pone en juego deseos que nos retrotraen a los tiempos en que fuimos niños/as. ¿Qué más placentero que un niño buscando el cariño de sus padres, un cariño que supone incondicional y que lo fusiona a ellos? Sin embargo, los padres son personas y no dioses, tienen preocupaciones, neurosis, y no siempre podrán llenar esa necesidad absoluta. El amor romántico con su modelo de “sumisión y entrega”, de entregarse al otro en cuerpo y alma, poniendo el propio destino en sus manos puede sonar “sublime y puro” ¿pero qué nos hace estar seguros que nuestra pareja es merecedora de nuestra vida? ¿Y por qué tendríamos nosotras que sacrificarla?.

¿Esto hace que las mujeres no se atrevan a romper una relación de violencia, es un mal que aqueja a muchas mujeres, como dice Rosa Montero, sentimos el impulso de “salvar” a toda costa a los varones?

A las mujeres se les ha hecho creer que sus vidas dependen de su pareja, que ellas mismas no valen sino como esposas o madres que era la función que han cumplido desde hace milenios sin que los gobiernos velaran por su derecho a la educación pues eran equiparadas a las hembras del reino animal. Entonces, sea del estrato social que se sea, la mujer va a pretender salvar su matrimonio o relación a cualquier precio; así cada reconciliación sea un hijo más o resistir una violencia sistemática en el hogar.

A eso se suma que las mujeres seamos más susceptibles de interiorizar el mensaje de que nuestra vida es para otros y no como para los varones para una misma. Vivimos para servir en nuestra propia familia lo que implica un sacrificio de nuestro tiempo al que no valoramos, y el tiempo es vida.

¿Hay una dependencia de las mujeres hacia los hombres, que las hace sentirse atrapadas en la disyuntiva “debería dejarlo, pero no puedo…lo amo”?

No siempre ocurre eso. Puede también haber un sentimiento de omnipotencia en que la mujer se siente capaz de aguantarlo todo y asumir así la violencia y la irresponsabilidad de la pareja. Además de ello, la dependencia económica es otra variable que no permite a las mujeres dejar una relación puesto que no pueden asumir la carga familiar. De allí la importancia de una autonomía económica así como una autonomía reproductiva que implica el poder controlar el número de hijos a los que se puede mantener.

La socialización es diferente para mujeres y hombres. En el caso de las mujeres, lo que tiene que ver con el amor sigue apareciendo como un proyecto vital prioritario, ¿esto cómo sucede con los hombres?

Es vital y prioritario porque por milenios la mujer fue solo valorada por ser capaz de dar a luz hijos. El valor económico de los hijos hace que en algunas culturas un solo hombre sea pareja legal de varias mujeres a la vez. El acento en solo lo reproductivo hizo que no se educara a la mujer sino para las tareas domésticas y el cuidado de la familia, como si genéticamente viniera programada para ello, cuando en realidad se trataba de un destino social. Así se le excluyó de los ámbitos de la política, la creación, la ciencia, de la recreación y el deporte, de la libertad de movimiento físico pues sus tareas, eran de estar al lado de los otros cuidándolos. Para hacer un equivalente, fue el mismo destino que se dio al “indio” colonizado o al africano esclavizado, solo se requerían los cuerpos para las tareas físicas más no las mentes, no se les educaba para convertirlos en sujetos y ciudadanos. El sometimiento necesitaba que las propias mujeres lo aceptaran y creyeran que era su proyecto vital.

¿Esta forma de socialización, puede considerarse un factor que fomenta y mantiene la violencia de género?

Claro que sí. Una mujer desde que nace debe ser considerada una ciudadana, con todas las posibilidades abiertas delante de ella, no como antaño que debía ser madre a edad temprana sin más, haciéndola así vulnerable al privarla de educación, de posibilidades de trabajo y paga más allá del trabajo doméstico económicamente dependiente.

¿Y en los hombres el amor no es un proyecto vital?

No lo es, no porque sean “egoístas” por naturaleza sino porque son educados así para ser “hombres”; es la educación en la masculinidad que como mandato social les exige mantener la casa, tener poder y dinero, valentía, honor, ocultar sus sentimientos, en conclusión negar todo aquello en lo que se educa a las mujeres. Lo masculino y lo femenino se construyeron como opuestos: él para trabajar y mostrar afecto con el dinero, ella para quedarse en casa cuidando a los niños. Estos roles se modificaron porque no son biológicos sino aprendidos, de tal manera que en el momento actual, con el ingreso de las mujeres al universo “puramente masculino” de antaño, la masculinidad se ve empujada a modificarse. Eso no es malo, al contrario, será mejor para los hijos; este es un país de hijos sin padre. Que los varones puedan vivir mejor sus afectos, su ternura, hacerse cargo de lo que sienten o no sienten por otra persona no significa hacerlos homosexuales como algunos dicen, tergiversando estas vivencias tan importantes.

Frases como “si no eres mía no serás de nadie”, ¿Con qué concepto de amor romántico estaría relacionado?

Frases de ese estilo demuestran posesión pero no reciprocidad. Están asociadas a los celos que por lo general se consideran una prueba de que le importas a alguien. Del lado masculino, es un asunto de orgullo y honor. Un hombre no puede ser abandonado y dejado por otro, pues hace el ridículo ante sus pares. El varón es conquistador, él posee, él tiene la iniciativa de empezar o romper algo. De ahí que dejarlo o intentar separarse sea también una afrenta a su masculinidad, es una rebeldía que tiene que ser castigada. Hay que preguntarse por lo que luego sienten ellos, prisioneros también de ese mandato social que los obliga a castigar.

En estos últimos tiempos, hemos conocido por los medios de comunicación de formas horrendas de muertes de mujeres a manos de su pareja ¿estamos frente a conductas patológicas que necesitamos trabajar como sociedad?

El problema es que primero hay que trabajar cómo los medios dan estas noticias. Desde hace veinte años al menos, las policiales fueron las noticias de la primera plana en la TV ya ese es un indicativo sobre qué sociedad queremos reflejar. Hoy en día, los crímenes contra las mujeres son parte de las noticias policiales y son redactadas en ese lenguaje policial. El acento de la noticia se pone en lo punitivo, en la violencia, en el morbo, desde allí ya estamos mal, estamos haciendo de la violencia un espectáculo, poniendo el énfasis en las “mil maneras de matar”.

La sociedad ya es más violenta porque hay más vulnerabilidades económicas, los más pobres mueren más de maneras que no se visibilizan y que no le importan a muchos. Lo que vemos con las mujeres no es sino la punta del iceberg de la violencia de una vida precaria para la mayoría de la población. Sino miremos los índices comparativos de educación, desarrollo industrial y científico de este país respecto a otros.

¿Qué cambios son necesarios para terminar con la violencia de género?

Educar a los niños y niñas de manera distinta, en el respeto de ambos, trabajar en políticas antirracistas, antihomofóbicas para proporcionar un marco general. Trabajar en que la sociedad se sienta responsable de lo que pueda ocurrir a las personas más vulnerables.

¿Y qué le podemos pedir a los medios de comunicación?

Responsabilidad social. Ellos son parte de esta sociedad y no un ojo externo a ella que edita una realidad porque hace espectáculo y es lo que “las audiencias piden”, retroalimentando sin fin el malestar social. Trabajemos al menos sobre las noticias sobre los crímenes contra la mujer; hace tiempo que se les ha hecho hincapié en no generar publicidad sexista o alentar programas de televisión sexistas y racistas. Lamentablemente los contenidos radiales o televisivos a los que acceden las mayorías son de menor calidad y es en estos sectores poblacionales donde más arraigados están los estereotipos y la violencia.

[1]Poeta, escritora, especialista en temas de sexualidad y derechos humanos. Docente en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y la Pontificia Universidad Católica del Perú.

Link de interés:

  • Entrevista por Susana Zapata.

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